Cuaderno de bitácora de un aviador inquieto

Fondos de roca y coral

Ya se empieza a notar la ausencia de agua salada. Hace casi un mes que no cojo una ola. Las últimas fueron en Bali, así que no me puedo quejar, pero aún así, se nota. Las sesiones en la isla fueron sencillas y no demasiado largas. Básicamente porque no se trataba de un viaje de surf, aunque por el destino bien podría haberlo sido. La idea era, y fue, recorrer la isla con la mochila en la espalda, sin rumbo fijo, y sin alojamiento. La verdad es que es un lugar que se adapta bien a ese tipo de viaje. Comer y dormir es fácil y relativamente barato. Ademas la sensación de seguridad es absoluta, la gente es amable y el clima, cuando no diluvia, lo permite.

Un servidor observando las olas de Bingin desde la piscina de El Kabron

La temporada de olas grandes terminó en octubre, así que yo no la pillé, pero casi mejor. Los picos no estaban masificados, no se requería un nivel semi profesional para entrar y, como siempre digo, con los dos metros que cayeron los pocos días que entré, yo tengo más que de sobra.

Como nueva experiencia, aparte del haber surfeado por primera vez en mi vida sin neopreno, que manda huevos, el haber jugado con olas que rompen sobre un fondo completo de roca y coral. Algo que intimidaba al principio, pero a lo que uno termina haciendo frente gracias al sencillo método del -pero que demonios.- Un pequeño corte en el pie fue el único peaje a pagar por hacer surf en sitios mundialmente conocidos como Uluwatu o Bingin , un ínfimo tributo por hacer surf en el paraíso...

¿Y el volver exclusivamente para hacer surf? Sin duda alguna.

12 diciembre 2011

Cuestión de gustos

Mucha gente no comparte mi opinión. Es mas, muchos pilotos la consideran casi ofensiva. En este momento de mi vida, y desde hace muchos años, pienso que un vuelo en el que el piloto no es el centro, no resulta atractivo para mi. Y hoy en día quedan muy pocos tipos de vuelo que cumplan esta norma fundamental.

Un Tornado y un E3 Sentry de la Royal Air Force volando en formación

Desde el vuelo de piloto de aerolínea, en el que el centro soy yo, el pasajero que se va de vacaciones a Bali, pasando por el piloto de transporte, en el que lo importante es la carga a transportar de A a B, hasta el piloto de E-3 Sentry, impresionante avión en el que lo realmente importante es el equipo de controladores y de técnicos radar que lleva a bordo, el numero de vuelos en los que el piloto y su habilidad realmente sean el centro de la operación, va disminuyendo día tras día.

¿Y que vuelos nos quedan? Pues así sin pensarlo demasiado, y en mi humilde opinión, los siguientes: El piloto de caza y ataque, sin duda alguna; el piloto acrobático, el de exhibiciones y el de carreras; el piloto de helicóptero de rescate; el bush-pilot, allí donde quede en el gran norte y el piloto de apagafuegos.

Realmente lo pienso y no entiendo porque tanta gente se cabrea cuando lo digo. En este momento de mi carrera ningún vuelo en el que el piloto no sea el centro me resulta lo más mínimo atractivo. Lastima que el primer grupo sea el más numeroso, y en el que más dinero se cobre...

26 noviembre 2011

Rumbo a Indonesia

Tras literalmente dos meses sin meterme en el agua, ayer disfrute de una buena mañana de olas en mi pequeña playa. Metro y medio rápido, limpio y ordenado, sol y buen rollo. Mientras tanto, he seguido patinando cada vez que he tenido la oportunidad. Mi "longboard" ya viaja siempre en el maletero del coche. Nunca se sabe cuando vas a encontrar un buen sitio para... deslizar. Y para terminar esta breve entrada, decir que mañana me voy a un par de semanas a Indonesia, meca del surf en el Indico. Si no vuelvo, ya sabéis donde encontrarme.

31 octubre 2011

Factor de seguridad

Esta última semana en Galicia estuve cargando en Belesar. El embalse había estado sorprendentemente seco a lo largo de todo el verano, así que cuando vi que era el punto de agua más cercano al incendio, no pensé que tendría la oportunidad de cargar en él. La primera carga la realizamos en Peares, río abajo, y trás descargar en el incendio decidí darle una oportunidad al mencionado embalse. De poder cargar ahí, ahorraría unos ocho minutos por rotación, y eso a mi me merece la pena. Contra todo pronostico, el nivel del embalse había subido lo suficiente como para poder intentarlo. Aun así la carga iba a ser muy poco ortodoxa. Incluso para mis estándares...

El agua se encontraba unos cincuenta metros más abajo de lo habitual; en las laderas se apreciaba perfectamente el nivel que solía alcanzar con anterioridad. El viento dominante nos obligaba a cargar contra el sol, y ese es siempre un factor negativo. Ademas ese día no se con que demonios habían limpiado los cristales del avión, pues cuando les daba el sol estaban más sucios que limpios. Y por supuesto, había más patos en el agua de los que pude contar. La aproximación inicial la hacías contra una pared. Debías posar el avión en el meandro del río, y enganchar las "probes" prácticamente derrapando en curva a izquierda. Una vez enganchado, potencia al 95% y a esperar. Diez largos segundos después los depósitos estaban llenos. Probes arriba, y acelerando, curva a izquierda de 60° para encarar el tramo de despegue. Este último tramo, de longitud más bien ajustada, volvía a tener dos paredes en frente, una a izquierda y otra posterior a derecha que formaban un tercer meandro. Antes de llegar a ellas debías estar en el aire y ascendiendo si querías salir de allí, pero en caso de tener algún problema, el río en ese meandro era lo suficientemente ancho como para poder volver a posar el hidroavión y salvar el culo.

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Ese último meandro era mi factor de seguridad. Sin él, no hubiera cargado allí, pues en caso de fallo antes de V1 no habría salida de esa ratonera. Mas de una vez comentamos entre nosotros, cuantas decenas de miles de pilotos comerciales se tirarían de los pelos al ver nuestra forma de operar, pues las normas de aviación internacional obligan a cumplir unos margenes de seguridad ingentes, y con el paso del tiempo uno se acostumbra a ellos, los asume como propios, y los considera totalmente necesarios; sin serlos. Y en cierto modo así debe ser. Muchas décadas hemos tardado en hacer de la aviación el medio de transporte estadísticamente más seguro del planeta. Y aun así, cada vez que hay un accidente, al morir cien, ciento cincuenta o doscientas personas simultáneamente la sociedad del primer mundo se estremece. Pero en nuestro caso, en mi caso, nuestra seguridad es nuestro entrenamiento. Por eso conociendo mis límites y los de mi avión, se cuando y donde puedo meterme para cargar seis toneladas de agua con total seguridad. Mis margenes de seguridad son los reales. No vienen impuestos por una normativa exagerada. Soy plenamente consciente de que no vale la pena dejar la vida en este trabajo. Que a nadie le quepa la menor duda de eso.

Mi segundo piloto esa tarde no realizó ninguna carga. Aunque me hubiera gustado permitírselo, con solo esta campaña a sus espaldas, sencillamente no estaba preparado para ello. Viendo ahora la maniobra en el video, esta me parece incluso sencilla. Así que creo que es el momento de repetirme a mi mismo aquello de: que lo hagamos parecer fácil, no quiere decir que lo sea.

25 octubre 2011

Mi final de Campaña

Tras dos meses relativamente tranquilos en Galicia y un septiembre relajado en Madrid, volvimos a Santiago. El uno de octubre volamos hacia allí dos aviones y tres tripulaciones, en teoría para quedarnos una semana. Hoy dieciocho días después, seguimos volando allí.

Galicia es una tierra que me encanta: su gente es amable, sus chicas son guapas, su clima fresco, su comida excelente y todo es considerablemente más barato que en Madrid. Pero tienen un problema casi patológico con los incendios forestales. Y me encanta volar en incendio, pero para ayudar cuando es necesario, no para ver día tras día como una panda de descerebrados destrozan la tierra que les vio nacer. Ayer reconocía el gobierno autonómico que más del 90% de los incendios eran provocados. Menuda noticia. Como si eso no lo supiera todo dios. Volando los ves literalmente aparecer, uno detrás de otro, siempre al lado de una carretera. En más de una ocasión juraría poder reconocer el vehículo que lo prendió. Pero ese no es mi trabajo.

Resulta dantesco, por no decir descorazonador, despegar y dirigirte a la provincia de Orense y ver cinco, diez, quince incendios de dimensiones considerables. Resulta frustrante intentar localizar el tuyo y escuchar por radio, día si y día también a Alfa 2, redirigiendo a los medios aéreos de un incendio a otro, casi impotente. Pero más frustrante, por no utilizar palabras mayores, resulta ver aparecer un incendio nuevo, a escasas millas de tu posición, y saber que puedes aplastarlo con una maldita descarga, pedir permiso para ello y que te lo denieguen. Como buenos soldados nos tragamos nuestra opinión y dejamos el nuevo incendio desmadrarse, viendolo crecer en cada rotación, sabiendo que una hora más tarde, cuando aquello no haya dios que lo pare, nos pedirán que descarguemos allí. Llevo más de diez años volando aquí y esa es la tónica general en algunas de nuestras tierras peninsulares, por eso lo puedo decir aquí sin temor a errar.

Muy de vez en cuando, el coordinador nos autoriza a descargar a discreción allí donde veamos que es necesario. Alguna vez esto ha sido efectivo, pero normalmente, siempre es demasiado tarde. Incluso volando dos o tres aviones en formación, nosotros solo podemos aplastar un incendio incipiente si lo pillamos en sus cinco primeros minutos de vida. Después el fuego es imparable a menos que haya gente en el suelo combatiendolo.

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Muchas veces, sobre todo en Orense, solo se quema monte bajo, toxo, que llaman allí, entiendo que de bajo valor ecológico, pero otras veces se quema un bosque de robles, o de encinas centenarias, y eso si que es totalmente irrecuperable. ¿Y por que lo queman? -nos preguntamos. Pues no lo se. Arriba en las cimas siempre da la impresión de que es para "limpiar" el monte para que paste el ganado. Vamos, no me cabe la menor duda de ello. Pero abajo, entre los pueblos, en medio de la nada, lejos de cualquier lugar edificable, queman por el placer de quemar o por el placer de apagar lo quemado.

Y al lorito con los famosos contra-fuegos gallegos, esos contra-lume a los que tenemos pánico desde el aire, pues cada vez que oímos por la radio que han creado uno nuevo, sabemos que casi con total seguridad la van a liar parda, se les va a ir de las manos y vamos a tener que ir a apagarlo media hora después. Eso si que es realmente frustrante, porque juro que lo sabemos siempre de antemano. Siempre. Por favor, dediquense a apagar el fuego, no a crear otro nuevo al lado.

Por el contrario, cuando realmente se quiere apagar un incendio, es impresionante apoyar a una única brigada forestal. Sabemos donde están y sabemos lo que necesitan. Siempre son ellos los que apagan el incendio. Nosotros solo intentamos ayudar, y trabajando conjuntamente en un frente podemos hacer mucho daño al incendio. Desde aquí mi más sincera enhorabuena a todas esas brigadas y a todo su personal. Ellos siempre son los verdaderos protagonistas de esta historia.

18 octubre 2011

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