Cuaderno de bitácora de un aviador inquieto

Mantén la calma y vuela tu avión

El embalse de Velle en Ourense siempre ha sido ejemplo de embalse difícil en el 43. Sin embargo nunca he considerado que mereciera semejante calificación. Otros muchos embalses si que son complicados, ya sea por su tamaño, por la orografía circundante o por los obstáculos que poseen. El Velle, sin embargo, nunca me ha parecido difícil. Sí, es pequeño, y hay que ser aceptablemente preciso, pero poco más... Bien, aquel día seguía yo a mi líder como segundo avión, y tras realizar la primera descarga en el incendio, procedimos a cargar agua. Esta vez nos dirigimos al Velle, pues la carga anterior la habíamos hecho en Castrelo, de camino al incendio, pero este quedaba ahora más lejos del mismo.

Mi segundo piloto -piloto con varios miles de horas de vuelo más que yo, pero con solo tres campañas en este avión a sus espaldas- me preguntó que cuanta agua íbamos a cargar -tal vez lógica y ligeramente preocupado por el embalse-. Yo, totalmente convencido y sin pensármelo le dije que íbamos a cargar hasta el peso máximo al despegue, como no podía ser de otra forma. Total, este embalse puede que tenga fama, pero de difícil no tiene nada -dije para mis adentros-.

El embalse, como casi todos, tiene dos posibles sentidos de carga. Esta vez debido al suave viento íbamos a cargar hacia el suroeste, hacia la ciudad de Ourense, hacia el puente. El avión precedente, tras haber revisado la superficie del embalse en busca de obstáculos, se tira a base izquierda para iniciar la carga de agua. Cinco segundos después me tiro yo detrás de él. Tal vez un poco rápido en final a pesar de llevar el motor cortado. Entro en efecto suelo y lo dejo flotar y decelerar antes de que toque el agua. No voy a entrar con las “probes” abajo. Con poco viento y a esta velocidad si entras al agua con ellas abajo el avión cabecea terriblemente y no tienes mando de profundidad suficiente para detener dicho movimiento. Ya en el agua espero un par de segundos para que la velocidad baje a 75 nudos, pido “probes” y comenzamos la carga. He tomado justo detrás del líder. Justo entre los torbellinos turbulentos que sus puntas de plano dejan tras él. El embalse es estrecho y no permite hacerlo de otra manera. Muy bien, diez segundos después hemos cargado toda el agua y pesamos todo lo que podemos pesar. Dejo que el avión acelere sobre la superficie del agua, esperando que alcance la velocidad de despegue. Me da la impresión de que tarda un par de segundos más de lo habitual en hacerlo. Mmm, bueno, seguimos. En el aire, y comienzo el ascenso limpiando el avión. Joder. Ese puente esta demasiado cerca esta vez. Ahora subiremos, tranquilo... Joder. No sube como debería. Pongo el dedo en el botón de lanzamiento de agua. En caso de no tener clara la salida lanzo el agua y me deshago de cinco toneladas. Eso me hará subir como un cohete. Joder. No sube. Veo como mi líder -el avión precedente- está ya muchísimo más alto que yo. Ha librado el puente de sobra, sigue subiendo y virando ya hacia la derecha, hacia el incendio. Pero yo no. Mierda. Empiezo a preocuparme, pues no solo es el puente -por el que discurre una carretera, que veo llena de coches-. Un par de decenas de metros por encima de este una línea de alta tensión también cruza el río. Vuelvo a pensar en lanzar el agua para salir de una vez de este lío en el que me he metido. Pero ya no puedo. Mierda. Si lanzo ahora voy a soltar los cinco mil kilos de agua sobre los coches que circulan sobre el puente. Demasiado tarde. Solo me queda mimar hasta el extremo la energía del avión para, en ascenso, librar esos malditos cables...

Un puente lejano

«Bueno, hemos pasado “sobraos” a medio metro de la torre», dice con sorna y nerviosismo mi segundo. Joder. Que mal rato. Rato por decir algo, porque como siempre esto ha sucedido en diecisiete interminables segundos. Nunca antes en quince años y centenares de cargas en ese embalse me había ocurrido esto. Nunca. Esta vez ganó el avión y yo perdí. Iba tranquilo y confiado, esta vez será como siempre, pero esta vez fue diferente. Maldito vuelo artesanal este al que nos dedicamos... Normalmente estas anécdotas al final incluso molan, ¿no? Las cuentas y eso, y queda guay... Pues esta no me gustó nada. Que sensación más desagradable. ¿Y que ocurrió? Pues dos cosas: la práctica ausencia de viento. El viento era muy suave, y aunque en cara, esta vez no me ayudó nada a subir con más ángulo, cuando normalmente siempre hay bastante viento canalizado en ese embalse, en un sentido o en el otro. Y segundo factor, en este caso, la estela turbulenta del avión precedente. Probablemente debido al escaso viento esta se quedo flotando sin disiparse justo en mi trayectoria, impidiéndome ascender con el ángulo esperado. Pero como siempre, no es algo que pueda asegurar a ciencia cierta. Este negocio no es una ciencia exacta y se aprende casi exclusivamente a base de experiencia.

Lo fundamental en este -y en cualquier caso- es mantener la calma y la serenidad. Si no hay nada que puedas hacer, por lo menos no lo empeores. Mantén la calma y vuela tu avión... Tras la descarga en el incendio, se nos ordeno volver a base -pues era un fuego pequeño y no requerían nuestra ayuda- pero esto no podía quedar así. Ninguno de los dos podíamos volver a base con este sabor de boca, así que volvimos al embalse, lo volvimos a analizar, volvimos a estimar el escaso viento y realizamos otras dos cargas a peso máximo a despegue. Por supuesto en ambas ocasiones el avión subió como debía subir. Como siempre lo había hecho. Libramos el puente y la línea de alta tensión decenas de metros por encima. ¿Y por qué aquella vez no? Pues sinceramente yo-que-se. "Keep calm and fly your airplane".

2 octubre 2016

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